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Patitos nadando en un estanque natural. Foto: Amparo Sánchez Rosell.

Balansiya, la Valencia musulmana de al-Andalus

Balansiya: ganadería, caza y pesca

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En las zonas de secano imperaba el ganado lanar y cabrío pero en la huerta el vacuno.

Todas las explotaciones agrícolas, por modestas que resultaran, tenían un numero determinado de cabezas así como las consabidas aves de corral que cubrían sus necesidades de carne, leche y sus derivados, huevos…

Luego estaban las caballerías imprescindibles para los trabajos de la agricultura y el transporte.

Durante la época musulmana y sólo para los practicantes de esta religión, el cerdo estaba -y está- prohibido. Pero toda la carne del resto de animales se consumía. Solo había que saber sacrificarlos de acuerdo con cierta fórmula, por otra parte muy sencilla, como era poner la cabeza del animal hacia el este pronunciando: Bismilah / en el nombre de Dios, y degollando rápidamente sin pinchar.

En los medios rurales eran muy sobrios. Las recetas que conocemos a base de carnes o pescado eran de uso casi exclusivo de las clases pudientes. Entre la gente modesta y en el campo, esos platos quedaban para celebrar festividades.

La caza, aunque aprovechada por la gastronomía, se practicaba más bien como deporte y aunque no disponían de armas de fuego, las ballestas lo suplían en parte.

Los perros adiestrados eran fieles colaboradores pero sobre todo el cazador recurría a toda suerte de ingenios, como utilizar hurones, reclamos para atraer las piezas, lazos, trampas. Los paranzas también vienen de lejos.

En los montes, pero también muy cerca, en la Dehesa, había caza mayor y quedan registradas muchas batidas al jabalí. También se practicaba la cetrería, aunque esto era cosa de magnates.

La pesca era una de las fuentes de alimentación. El mar, los ríos y la Albufera, que entonces era mucho más grande porque no se había inventado el ir aterrando sus orillas, proporcionaban pescado y anguilas suficientes para el consumo.

Extractos de «LA VALENCIA MUSULMANA» de Vicente Coscollá – Carena editors.

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