La Agricultura de Balansiya

Balansiya es el nombre con el que se conoció a Valencia en Al Andalus, el nuevo Estado Islámico que fundaron los musulmanes en la Península Ibérica

Donde disfrutan de lluvias regulares y abundantes pasan de las acequias. Pero Valencia está situada en una zona de precipitaciones escasas y siempre tuvo necesidad de irrigación para sus cultivos, exceptuando los de secano, de rendimiento escaso.

Desde la romanización, como mínimo, data el sistema de regadío que convirtió estas tierras en huertas feraces que proporcionan varias cosechas anuales. Lo que hicieron los árabes fue mejorar la distribución de las aguas ampliando al mismo tiempo las zonas irrigables. Parece ser que fue 'Abd ar-Rahman III quien hizo construir las grandes acequias del Guadalaviar, terminadas en tiempos de su hijo al-Hakam II.

El agua se extraía del río, como ahora, mediante un az-zud (presa) pero cuando se trataba de huertas de reducida extensión utilizaban norias que la misma corriente se encargaba de mover. En lugares donde debido a la elevación del terreno no podía llegar el agua, se excavaban pozos hasta encontrarla extrayendo el líquido elemento también mediante norias, estas mucho más pequeñas y movidas por caballerías que daban interminables vueltas a un círculo cuyo radio era la barra de madera a la que estaba sujetas.

La agricultura en Balansiya, a lo largo de toda la época musulmana fue muy importante. Digamos que la más importante de las actividades. La tierra rendía mucho porque además de esa correcta distribución del preciado líquido -consecuencia de este rigor fue la creación del milenario Tribunal de las Aguas- estaba muy bien trabajada y disponía del necesario abono orgánico procedente de la abundante ganadería.

Además se perfeccionaron continuamente los métodos de cultivo importando al mismo tiempo y aclimatando plantas hasta entonces aquí desconocidas.

Se escribieron tratados de Botánica y Agricultura, pero también de medicina donde se estudiaban las propiedades de cada producto desde el punto de vista alimenticio y su aprovechamiento para fines farmacéuticos.

Se investigó mucho en el área de los injertos con el fin de mejorar tamaño y calidad de las especies e incluso buscando la obtención de variedades distintas.

De cualquier forma, y debido a su emplazamiento en zona de precipitaciones muy irregulares, Balansiya tuvo que sufrir periódicamente dos calamidades. Por una parte los terribles temporales de Levante -la gota fría- que originaban devastadoras inundaciones provenientes del río Guadalaviar.

Inútil decir que con el Xúquer sucedía lo mismo y el gran poeta de Alcira, Ibn Jafaÿa, escribió sobre el tema versos estremecedores.

He vuelto a Alzira
entre el trueno que retumba en mi oído
y la lluvia que azota mis hombros,
como un ave paralizada por las aguas
cuyos polluelos están en el nido, atormentados,
viendo cómo se derrumban los muros
bajo el peso continuo de las nubes.

El mar de la riada,
oleadas de barro;
el cielo, generoso en lágrimas;
los edificios, resquebrajados,
humillados como cautivos
ante el tirano.

Los edificios se venían abajo
inclinándose a tierra
como lo harían las comisiones
delante de los reyes.
Se diría que imitaban
a los fieles en oración.

En fin, tras el paso de las turbias aguas que habían arrastrado cuanto encontraban a su paso, enseres, animales, árboles, puentes... y personas, como despojos arrojados al mar, quedaban casas derribadas, acequias destruidas, campos cubiertos de lodo y piedras. Sí, las periódicas riadas constituyeron auténticas tragedias.

La otra calamidad, debido a precipitaciones tan irregulares, la constituyeron las también periódicas sequías que tuvieron mayor incidencia que las actuales.

Se sabe que hubieron sequías importantes en los años 814, 822, 846, 867 y 873. Esto afectaba a la huerta pero, lógicamente, también al secano, dando lugar a la correspondiente hambruna.

En cierta ocasión fue tan pertinaz y prolongada la falta de precipitaciones que llegó a secarse la Albufera. Esto costará de creer, pero es cierto. Y aunque ocurrió cuando estas tierras ya habían sido conquistadas por los cristianos, recogemos el hecho por lo insólito.

En el Dietari del Capellá d'Alfons el Magnànim, cuyo autor tenía 40 años cuando ocurrió esta terrible sequía, puede leerse: En l'any de 1455, 1456 e 1457, fonc gran secada en regne de Valencia que molts rius son secats; la major part de les fonts seques; molts llocs no tenen aigua per poder beure; l'Albufera de Valencia totalment venir a secar que no hi romàs un peix. Los esplets e fruites de les terres son perduts per la gran secada; mercaderíes, oficis tot perdut e acabat.

Tres años de persistente sequía fueron agotando los manantiales entre ellos los que tiene el mismo lago. El lecho del río Turia era como un camino polvoriento.

Principales producciones: En Balansiya se cultivaron infinidad de especies. El olivo, el viñedo, toda clase de frutales, entre ellos una famosa variedad de pera, legumbres y hortalizas, disponiendo de un curioso testimonio real sobre las habas, proporcionado por Jaime I cuando, en abril de 1238, llegó a Russafa para asediar Valencia: E prop de nos un git de pedra, collien en un favar les faves a quaranta sarraïns, e deixeren que aquells porien haver si brocavem...

Se cultivaban los cereales y aunque el trigo era de muy buena calidad, resultaba insuficiente debiendo recurrir a la importación. La morera, para la cría del gusano de seda, fue traída por los árabes lo mismo que la caña de azúcar que daba buen resultado en las zonas más cálidas y que con los almohades se cultivó a gran escala. La tradición continuaría y los cristianos la llamaron canyamel. De ahí nuestro Canyamelar.

Cuando el geógrafo almeriense al-Udrí visitó Balansiya en el siglo XI, dejó escrito que en la mayor parte del territorio se cultivaba azafrán y era de muy buena calidad. En cuanto al arroz, traído también por los árabes, dijo que se exportaba a todo el resto de la España musulmana ya que el comercio del puerto de Balansiya era muy considerable y los barcos subían por el río que regaba las orillas cubiertas de jardines, huertas y explotaciones agrícolas sin interrupción.

Se cultivaba el almendro con cuyo producto se elaboraban toda clase de pastas y dulces, entre ellos el celebrado turrón. El algarrobo, para alimentar al ganado y preparar arropes. El cáñamo con el que se confeccionaba cordelería y calzado. Se obtenía regaliz en zonas cercanas al mar.

Extractos de " LA VALENCIA MUSULMANA" de Vicente Coscollá- Carena editors


Noria de Albaran (Murcia)







































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